17.12.08

Con su presencia

Hoy ni por equivocación debía quedarme en mi casa.
La razón: hace un año descubrí mi lugar favorito en el planeta.
Lake McKenzie en Fraser Island. Si no hacía algo de provecho, todo el día estaría pensando en sus tonos de azul, en la textura de su arena, en la pureza de su agua...y seguramente acabaría muy pero muy triste de estar en una ciudad semi-desecha por el circuito bicentenario.
Así que desde temprano me salí a la calle; quería caminar, pero caminar con un propósito lo suficientemente distractor como para que no saliera contraproducente y el tráfico y la contaminación fueran lo que acabara deprimiéndome. Y entonces lo resolví: debía buscar mis regalos de Navidad. Estacioné a Ricardo en alguna calle de la Condesa y entonces empecé a caminar. Caminé, caminé, caminé y caminé. Recorrí toda la zona, cosa realmente productiva porque antes, al entrar a la Condesa, mi cochecito mental empezaba a girar sobre su propio eje como carrito chocón que no quiere avanzar. Para mí todo era un gran pasadizo porque siempre salía a calles sin saber cómo lo había hecho. Pero no más! Ahora lo tengo todo muy claro. Y no sólo eso, sino que descubrí un par de tiendas con esas cosas curiosas que me gustan y lo más importante, descubrí los Tacos Hola. Unos tacos deliciosos-quiero-uno-ya-mismo que, además del guisado, se sirven con arroz o frijoles y guacamole o queso. Un queso...me podría comer un kilo completo de ese queso. Pero eso no es lo que te deja con el mejor sabor de boca. Lo es el hecho que, después de ser los más amables y serviciales contigo, al momento en que les quieres dejar propina, cordialmente te la regresan diciendo "Con su presencia basta".
No había visto eso en mi vida. Sorprendida, salí del local y enseguida supe que la única manera de retribuirles su esfuerzo sería escribiendo acerca de ellos. Lo mismo con el chavo que vende frijoles saltarines sobre Felix Cuevas, casi esquina con Insurgentes. Me encanta la idea de que todavía haya personas que le apuesten a vender frijoles saltarines en el moderno siglo XXI. Yo, por mi parte, le apuesto a escribir sobre esas cosas que para muchos parecen no tener mayor trascendencia, cuando en realidad son lo que me demuestra que la humanidad no está del todo perdida.

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